- Señor, ¡ tenéis el corazón de un poeta !
+ Solo soy la voz de una experiencia apestosa...
Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad.¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien los arranque!