viernes, 15 de junio de 2012

Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad.¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien los arranque!

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